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Un socio del CCM en Afganistán ayuda a las familias a cubrir sus necesidades básicas después de un devastador terremoto.
Nota del editor: Por razones de seguridad, no se utilizan los nombres de personas ni de socios en Afganistán.
Al acercarse la medianoche del 31 de agosto de 2025, las familias de las tierras altas del este de Afganistán despertaron con fuertes explosiones y la sensación de intensas sacudidas. Tejados y grandes rocas de las montañas cercanas cayeron, dejando a personas y ganado atrapados entre los escombros.
Según estimaciones de las Naciones Unidas, el terremoto de magnitud 6 causó aproximadamente 2.000 muertes y dejó miles de personas heridas. Más de 8.500 hogares quedaron destruidos, y muchas familias buscaron refugio temporal en tiendas de campaña instaladas para personas desplazadas. La pérdida de seres queridos, combinada con las réplicas que seguían sintiéndose bajo sus pies, dejó a las personas en un estado de miedo e incertidumbre.
“Tembló con fuerza y mi casa quedó destruida”, cuenta una madre de 35 años que vive en una tienda de campaña con familiares. “Una gran roca rodó desde la montaña, cayó sobre mi esposo y lo mató. Mis dos hijas resultaron heridas. Sentimos que era el fin del mundo y que nuestras vidas se habían acabado”.
Para el 10 de septiembre, personal de un socio del CCM ya se encontraba sobre el terreno en Kunar y Nangarhar, dos de las provincias más afectadas, cerca del epicentro. Visitaron a familias desplazadas en sus hogares temporales, se sentaron en círculo con ellas y les preguntaron por sus necesidades.
Poco después, el socio estableció un punto de distribución de efectivo en la provincia de Nangarhar, donde 209 familias (más de 1.400 personas) pudieron recibir fondos para ayudar a cubrir el costo de artículos de primera necesidad.
Al distribuir efectivo, en lugar de llegar con recursos específicos, el personal del socio pudo asegurar que quienes acababan de perderlo todo pudieran decidir qué necesitaban más, algo que variaba de una familia a otra.
Durante una visita de seguimiento, el personal descubrió que más del 80 % de las familias había utilizado parte del efectivo para reemplazar la ropa perdida en el terremoto. El director ejecutivo de la organización asociada explica que la distribución de efectivo es especialmente importante cuando las personas necesitan ropa. “No podemos saber qué talla necesita cada una”, señala, por lo que es importante que las familias elijan las prendas por sí mismas. Muchas familias también compraron medicamentos y utensilios de cocina, y en algunos casos alimentos para complementar lo que habían distribuido otras organizaciones.
Al determinar cuáles de las familias desplazadas recibirían efectivo, el socio dio prioridad a los hogares encabezados por mujeres, a las personas mayores y a las personas con discapacidad, lo que ayudó a garantizar que algunas de las familias más vulnerables pudieran cubrir sus necesidades básicas.
Esta madre de 35 años fue una de las personas que hicieron fila para recibir una distribución de efectivo el 17 de septiembre. Dice que los fondos serán invaluables para su familia. “Realmente necesitábamos efectivo para poder comprar las cosas importantes para nuestra vida”.
Sienna Malik es editora gerente de la revista A Common Place. Las fotos son cortesía de la organización asociada que aparece en esta historia.
Foto superior: Hombres esperan en un sitio de distribución de efectivo.
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