MCC photo/Anna Vogt

Mural near the Mexico-Guatemala border/river crossing at Ciudad Hidalgo, Tapachula, Mexico

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Sacrificio, valentía, superviviente: estas son las palabras que daban vueltas por mi mente mientras visitaba los albergues de migrantes en Ciudad de México y Tapachula, cerca de la frontera de México con Guatemala. Al oír la letanía de peligros que enfrentaba la gente al cruzar carreteras, bosques, desiertos y fronteras en busca de refugio y seguridad, lo que más me impactó fue su valentía.

Nuestros anfitriones de Voces Mesoamericanas, organización asociada al CCM en el sur de México, me recordaron que la mayoría de las personas no migra porque quiere; se resignan a hacerlo porque no ven otra opción. En cada albergue, escuchamos las experiencias de personas que han arriesgado sus vidas para abandonar el hogar que aman. Han hecho sacrificios para buscar una vida diferente, enfrentando un riesgoso viaje a lo largo del cual muchas personas buscan explotar a estos viajeros de escasos recursos.

México se ha convertido en un país de destino para migrantes de todo el mundo. Aunque los centroamericanos siguen ingresando y cruzando México en gran número, esta no es la única experiencia migrante en ese país. Los albergues han visto un aumento dramático en los arribos desde países del norte y oeste de África, junto con un repunte en las personas provenientes del Medio Oriente y Asia.

En 2016, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) recibió casi siete veces más solicitudes que en 2013, y las cifras siguen aumentando. La sobrecarga que solicitudes de asilo en la comisión se exacerba por las limitaciones de personal y financiamiento.

Las personas se están desplazando en todo el mundo, y las razones para la migración son numerosas y variadas. Algunas personas parten debido a los cambiantes patrones meteorológicos y a la inseguridad alimentaria que derivan del calentamiento global; para otros, puede ser un barrio peligroso donde el reclutamiento por pandillas esté en alza.

Muchos gobiernos buscan soluciones que se empeñan solamente en detener la llegada de personas. Pero si no se abordan adecuadamente los factores que están empujando a las personas a migrar, estas soluciones serán incompletas e insatisfactorias.

En muchos lugares del mundo, al igual que en Estados Unidos, el miedo a los migrantes se aviva de acuerdo con las conveniencias políticas. Las palabras importan en las narrativas que decimos, compartimos y tuiteamos. Son las vidas de personas reales las que penden de un hilo en este juego político.

En vez de usar una retórica que ignora la humanidad de las personas que migran, podemos decidir insuflar deliberadamente vida nueva en los debates y transformar lo que la gente dice y escribe acerca de las personas que migran y buscan refugio.

Como personas de fe que deseamos ver políticas más justas de migración y refugiados, deberíamos hablar con nuestros representantes en el gobierno de un modo que refleje el espíritu de los migrantes, incluyendo su determinación de avanzar aun cuando parezca no haber camino.

 

Charissa Zehr es asociada legislativa para asuntos internacionales de la Oficina del CCM de EE. UU. en Washington. Nota publicada originalmente el 6 de octubre de 2017. Reimpreso con permiso de Thirdway Cafe.