MCC Photo/ Saulo Padilla

Members of Paoli Mennonite Fellowship in Paoli, Ind., pray at the border wall in Douglas, Ariz., during a 2016 MCC Borderlands learning tour.

The MCC U.S. Immigration Education National Program office and MCC regional staff, along with partner Frontera de Cristo, coordinate learning tours to the border between Mexico and the U.S. to bring attention to faith-based responses to migration, militarization of the border, the effect of the border wall to communities on both sides of the border and the tragedy of migrant deaths.

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En una pequeña sala del edificio del Club de la Prensa Nacional en Washington, D.C., el 27 de junio se reunieron padres que habían tenido que sepultar un hijo. En todos los casos, el perpetrador había sido un inmigrante indocumentado. Estos padres se habían reunido allí para lanzar una nueva organización, Defensores de las Víctimas de Crímenes de Extranjeros Ilegales (AVIAC, su sigla en inglés).

Durante su campaña, el actual presidente Trump llamó la atención acerca de las historias de estas víctimas para dar a entender que todos los inmigrantes eran una amenaza para la seguridad pública, exigiendo leyes de inmigración más restrictivas y un aumento en las deportaciones. En lugar de buscar soluciones efectivas para reducir los delitos violentos, el mensaje de AVIAC se inserta dentro de una lamentable tendencia que deshumaniza y criminaliza a todos los inmigrantes.

En primer lugar, deshumanizamos con nuestras palabras; ningún ser humano debería ser etiquetado como “ilegal” o “alien” (es decir, “extranjero”, pero también “ajeno”, “extraño” o “extraterrestre”).

En segundo lugar, deshumanizamos con nuestra ignorancia. Algunos andan diciendo que los inmigrantes indocumentados se han “saltado la fila” y solo deberían venir legalmente. Esto demuestra que hay un error fundamental en su visión acerca de la actual política de inmigración. La tramitación de una visa de inmigrante por razones familiares o de empleo tarda años, a veces décadas. Y, para la mayoría de los 11 millones de inmigrantes indocumentados que ya están aquí, no hay manera de alcanzar un estatus legal. El sesenta por ciento de ellos ha estado aquí a lo menos 10 años y ya tienen hijos, lazos familiares y fuertes raíces en sus comunidades.

Dos días después del lanzamiento de AVIAC, la tendencia hacia la criminalización de los inmigrantes continuó con la aprobación de dos proyectos de ley en la Cámara de Representantes de EE.UU.: H.R. 3003 y H.R. 3004.

El primero recortaría el financiamiento federal de las jurisdicciones “santuario”, las cuales limitan la información que se comparte con las autoridades migratorias con la intención de mantener relaciones positivas entre las autoridades policiales y judiciales locales y todos los miembros de la comunidad. Si  los residentes no confían en la policía, entonces es menos probable que denuncien los delitos. El otro proyecto de ley aumentaría las sentencias máximas para los inmigrantes indocumentados que cometan delitos, pese a reiteradas evidencias de que castigos mayores no disuaden significativamente la comisión de delitos.

Contrariamente al mensaje implícito en estos proyectos de ley, los inmigrantes cometen delitos en tasas inferiores a los estadounidenses nacidos en el país. Incluso el director interino de Inmigración y Control Aduanero (ICE) así lo ha declarado. Además, las tasas de delincuencia en ciudades ubicadas en las cercanías de la frontera entre EE.UU. y México son bajas e incluso se están reduciendo.

Asimismo, los inmigrantes indocumentados hacen una contribución vital a la economía de EE.UU., ya que pagan impuestos ($12 mil millones por año), aportan a la Seguridad Social y trabajan arduamente en empleos que son fundamentales para la economía de EE.UU. (entre 48 a 70 por ciento de los trabajadores agrícolas son indocumentados). Según un estudio, si todos los inmigrantes indocumentados fueran sacados de EE.UU., nuestra economía perdería $552 mil millones.

En ningún caso pretendo menospreciar el dolor de los padres de AVIAC. Tengo la misma edad que algunos de sus hijos fallecidos. Mis padres estarían desconsolados si llegaran a perderme. Pero estos proyectos de ley y esta retórica no son la solución. Necesitamos políticas que efectivamente prevengan los delitos violentos, no una legislación que demonice a todos los inmigrantes.

“Amados”, nos dice Juan, “amémonos unos a otros… Nosotros amamos, porque Él nos amó primero… El que ama a Dios, ame también a su hermano” (1 Juan 4:7-21).

Y así, amados, en el espíritu de este amor, los insto a contactar a sus senadores hoy y a pedirles que no aprueben los proyectos H.R. 3003 y H.R. 3004.

 

Julian Brubaker, pasante de asuntos nacionales,  La Oficina de Washington de MCC U.S. Originalmente publicado el 21 de julio de 2017. Reimpreso con permiso de Third Way Café.