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Ejemplo de un día en la vida de un/a semillero/a: 

Moses trabaja con Ministerios Shalom para Reconciliación y Desarrollo, un socio del CCM. Vive en una comunidad del oriente del Congo donde la mayoría de la gente es campesina de subsistencia. Mucha de la gente de la comunidad ha sufrido trauma por causa de ataques que lanzan soldados del gobierno y otros grupos armados.  Asiste a la iglesia del lugar y canta en el coro. A veces trabaja en los campos con gente de la comunidad, y también las acompaña en su jornada hacia la sanidad por medio del programa “Sanando y Reconstruyendo Nuestras Comunidades (HROC por sus siglas en inglés).

Moses además forma parte del grupo de líderes comunales por la paz y a menudo participa en diálogos entre líderes de diversas tribus. Los niños del barrio tienen curiosidad porque Moses es oriundo de una ciudad que queda muy al norte, y les encanta venir a comer las meriendas que él comparte con ellos. Después de un día de trabajo, cocina su comida en un brasero y lee algunas tareas de la semana antes de dormirse. 

La vida de un/a semillero/a se enfoca en tres temas centrales del programa: servicio, reflexión y construcción de paz. 

Servicio

El programa Semilla enfoca el apoyo a socios y comunidades locales.  Participantes de Semilla no son directores/as, ni reemplazan a obrero/as locales. Al contrario, colaboran bajo supervisión de iglesias y socios locales. Dado que viven en la comunidad como si fueran de allí, pero a la vez traen su propia perspectiva como alguien de lugar ajeno, pueden ofrecer ánimo, ideas, y una perspectiva única sobre asuntos locales.

Una parte del papel de un/a semillero/a es simplemente involucrarse en la vida cotidiana de la comunidad. En algunos casos, los/las participantes tienen deberes más técnicos tal como planificación de proyectos o evaluaciones ambientales. Cada misión es distinta porque cada socio y cada lugar tiene diferentes necesidades.  

Reflexión

Al inicio de cada cohorte se Semilla, los/las participantes reciben una orientación en la región, con temas que cubren historia, idioma, teología y política. Aprenden acerca de las comunidades donde servirán, y los asuntos globales que están en juego. Cada programa tiene su plan de estudios que incluye tareas de lectura y respuestas para animar el aprendizaje continuo y la reflexión.

Durante talleres que se dan en los dos años, los/las participantes se encuentran con otros/as semilleros/as de su cohorte regional para hablar de su experiencia y dialogar sobre temas relacionados a su trabajo. Estas sesiones permiten que los/las participantes tomen un paso atrás y mediten sobre lo que están viendo y haciendo, y el impacto que puede tener su trabajo.  

Construcción de paz

Cada grupo de Semilla se compone de personas de diferentes culturas y trayectorias. Colaboran con líderes y grupos locales provenientes de diversas tradiciones teológicas y políticas. Una manera de construir la paz, y un elemento fundamental del programa Semilla, es el aprender no sólo a trabajar con gente de otras creencias sino también escucharles y aprender de ellos/as.

Otro elemento importante de la experiencia, la capacitación y la provisión de oportunidades para aprender de otras comunidades, son los intercambios regionales con participantes y socios en su región. 

La construcción de paz implica crear vínculos entre el trabajo de una comunidad y grupos internacionales. Semilleros/as comparten información con su red más amplia de amistades y familiares acerca de asuntos que enfrenta la comunidad en donde viven y cómo esa comunidad está trabajando para solucionarlos. Ese compartir es una invitación a personas en otras partes del mundo a que comprendan lo complejo de los asuntos y la fuerza de socios locales para responder. Esto lo logran participantes de Semilla al escribir blogs y promover eventos de solidaridad internacional.  Y cuando los/las semilleros/as vuelven a casa, sus relatos animan a otros/as a la acción.